Frente de Vanguardia Hugo Chávez
Las luces iluminaban el exuberante jardín, destacando el resplandor desprendido por las guayabas y naranjas; las orquídeas, azucenas, rosas y begonias, parecían no querer dormir esa noche del 1ro de noviembre de 1945, hacían 14 días que habían derrocado a Medina Angarita, y era parte de la celebración de esa noche, motivada por el triunfo en equitación que obtuvo el joven médico Alnordo Parra Gil en Caracas, ganando el campeonato nacional en su categoría. Selectos los invitados de las más tradicionales y rancias familias de la ciudad. La innovación era un barril de madera puesto sobre una decorativa carreta metálica de donde se servían los convidados un buen vino chileno de las bodegas del Cajón del Maipo. La casa, vieja mansión al estilo neoclásico parisino, heredada del general Alnordo Parra Zerpa, bisabuelo quien fue parte del equipo del negociador plenipotenciario Antonio Guzmán Blanco ante Francia e Inglaterra. Dos grandes salones con cuadros, lámparas y muebles del más delicado estilo neoclásico, destacaba en un exclusivo salón la más envidiada biblioteca de la ciudad donde la joya era la colección del Libertador y tras ella el ventanal de grandes vidrios donde se podía observar la floreciente hacienda cafetalera de los Parra Gil.
Esa noche la recordó Antonio Sanchez, "Toño", cuando vio, roído en un rincón el óleo donde quedo estampado Alnordo, su caballo y la copa el día del triunfo. Esa tarde que por casualidad un bisnieto lo paso por el enmontado caserón y Víctor Molina quien cuidaba la olvidada propiedad le permitió entrar, hacia unos años que Alnordo murió en el psiquiátrico, abandonado púes su hija Diana se había marchado a Inglaterra y Arnoldito, Alemania. Recorrió, Toño el gran salón donde quedaba uno que otro cuadro enmohecido de Bolívar, del general Alnordo Parra Zerpa, de monturas y saltos de equitación y algunas copias santorales d Velazquez y otros famosos. El polvo, las polillas y la sensación de humedad cubrían todo; la cocina, cuartos, escaleras y corredores habían perdido el glamour de otrora. En un rincón, deshojados el grueso libro de Lecuna: "Cartas del Libertador". La hacienda había sido separada por la moderna avenida de la casa que ahora estaba bordeada por nuevas y distintas construcciones. Varios perros de los más selectos cruces crica compartían el caserón con el viejo Víctor.
Recordaba Nestor que su papá fue el peón caballerizero del papá de Alnordo, y que él desde pequeño, sin ir a la escuela fue el peón de los caballos del doctor Alnordo, quien lo estimaba su amigo. Como olvidar que Alnordito nunca le gano en las prácticas de salto de obstáculos, siempre tropezaba más barandas que él, pero nunca pudo ir a una competencia porque estaba reservada al igual que otros deportes como el fútbol para las familias "buenas" y acomodadas, y el desde antes del paso de Bolívar, era descendiente de peones. Sentía nostalgia Nestor por los tiempos idos y por su amigo que a pesar de todo fue bueno con él. Como olvidar esa noche de luna llena del 45 cuando Alnordo con el brazo sobre sus hombros y mostrando las copas de vino le presento a tantas eminencias..
Ya de retorno al barrio del olvido, Nestor enjugó una lágrima por su amigo ..
Unidos Seremos Invencibles !!
Luis Belisario. (Reflexiones de Madrugadas 16/10/16).
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