martes, 18 de octubre de 2016

Reflexiones se madrugada (Jesús el desterrado)

Frente de Vanguardia Hugo Chávez

La vio aparecer con el manojo de batatas recién sacadas de la tierra, era su abuela la que movía el monte con su machete y no el tigre que en su imaginación presentía tras cada mata del conuco, la abuela Justa siempre con su jauría de cazadores. Tenía Jesús 7 Añitos, y vivía maravillado por el mundo silvestre que iba conociendo en la medida que lograba participar en las partidas fuera del pueblo, como le gustaba el río, donde iban las mamás a lavar y batir la ropa sobre las piedras y a tertuliar y la muchachada descubrían la libertad en las aguas del Rio Claro, así se llamaba también el pueblo. Al regreso recogieron los bultos de leña y se encaminaron a la vieja casa de teja y tapia, patrimonio familiar de los tiempos, cuentan los viejos que en Río Claro reinaba la prosperidad que se acabo el día que el padre Pietro lo maldijo antes de marcharse por la robo de la Virgen de la piedrita. La vieja casa bullía con la algarabía de los pájaros que se confundía con la de los muchachos. Una noche  cunde el rumor que Pedro Paredes había cazado dos enormes venados, y los curiosos fueron arrimándose a su casa con la esperanza de participar en el reparto, instintiva práctica ancestral, entre la gente apareció la carita de Jesús iluminada por la hoguera, uuy si eran enormes los bichos !! (exclamó) y una barrigona que al tajearla y abrir su barriga, una ruda mano extrae dos venaditos envueltos en sus placentas con sus grandes ojos abiertos, como reclamando la atrocidad. Esa noche Jesús no durmió, veía en la oscuridad los ojos de los venados y se escondía entre la rucia cobija. La cacería de animales se acentuaba en Río Claro, vaquiros, lapas cachicamos y morrocoyes, junto con la ribazon iban desapareciendo, a Jesús ya le parecía normal criarse en esta realidad, hasta que vio llegar a los musiu, siempre con un cigarro en la boca comprando las tierras y vio como caían los árboles donde alguna vez apuntó su china hacia los arrendajos. Esto lo confundía. Un día el corazón casi se le salió del pecho cuando vio a su madre parada en la puerta, se le abalanzó y lloraron mucho. La abuela justa también lloró un presentimiento la embargaba.
Ya hacían días que se oía que había caído Perez Jiménez, y que el prefecto había huido del pueblo. También había muerto la maestra Carmelina justamente cuando iban a llevar a Jesús a su salón. Llegaron los tiempos de intensa sequía, la tierra ardía, la claridad era total en el bosque donde desesperados los cazadores no conseguían un animal, solo el canto de las chicharras. La abuela Justa daba de comer a Jesús las últimas auyamas, mientras esperaba el día que regresara de nuevo la madre y se la llevará a ella y a él a Caracas, ya no aguantaban aquella desolación, no tenían porque pagar más la maldición del padre Pietro ..

Solo la Unión nos hará Invencibles !!

Luis Belisario. (Reflexiones de Madrugadas 09/10/16).

No hay comentarios:

Publicar un comentario