Por Luis Belisario
Frente de Vanguardia Hugo Chávez
Desde el risco, Murachi observó la meseta, Chibá llena estaba esplendorosa, lo iluminaba todo. Fueron acercándose a él sus compañeros, eran 75, venían de los confines del Río Negro, descansarían la madrugada, aún faltaba una jornada.
Tibisay la del andar ligero cubierta en manta, narraba a los suyos el canto de la Locha Sagrada, el páramo resplandecía ante un inmenso anillo que bordeaba a Chibá. No muy lejos, en la ranchería que se levantaba a orillas del Mucusary, una mujer Tatuy era interrogada bajo maltrato por don Juan de Milla, le preguntaba por la Hechicera, Onoday no entendía, esa noche la azotaron.
Pasaron tres Menguantes, y se encontraron Tibisay y Murachi en una choza del Monte Mucuta, se miraron inquietos, y sin cruzar palabras se abrazaron, él le acaricio el rostro, era hermosa su tez acanelada, sus ojos de araguata. El era la viva representación de Martes. Se fundieron como el fuego, Chibá guardo el secreto de ese hallazgo.
Despuntando Chés, observaron no muy lejana la ranchería que construía el invasor Milla cerca de la cascada donde nació y todos los días se bañaba Tibisay y su pueblo Tatuy. Ya eran casi 200 guerreros que se aprestaban para el inevitable combate. Se tenían noticias que Guaicaipuro había matado al sanguinario Juan Rodriguez Suarez de tan malos recuerdos para la meseta Tatuy. Bajaron los guerreros ligeros entre los montarrales e iniciaron el ataque sobre el fundo, el cielo se encapoto, los iberos descalgaban sus polvoras y soltaron su jaurías, le resplandecieron los ojos a Milla cuando logró ver a Tibisay, Si, si ella !! Atrampela !!, se incendio la ranchería, Murachi buscaba a Milla y lo encontro, ligero sorteo las piedras y en la otra orilla lo retó con su lanza ensangrentada en mano, Milla huyó, y una docena de arcabuceros, asusaron sus perros y disparaban contra el guerrero. Se destapo la tormenta, y de repente oscureció, la lluvia y el viento lo batían todo, mientras una estrenduosa crecida, del Mucusary embravecido lo arrasó todo.
Esa noche Chibá, iluminante acompañaba a Tibisay quien con lágrimas en los ojos curaba a una guerrera, pensaba en Murachi, no imaginaba que los Dioses habían recogido su cuerpo y lo habían llevado a lo más alto del páramo, por allá, por donde se marcha todas las tardecitas Chés, y lo petrificaron con la cara viendo al firmamento con la promesa que con la llegada del Gran Terremoto volvería a la vida y se juntaría de nuevo con ella ella, a quien los Dioses convirtieron en Neblina eterna. paso mucho tiempo para que los descendientes de los invasores llegaran hasta los Chorros donde se bañaba la Hechicera, la Cascada de Tibisay. Esta noche no hay luna ...
Aquí presentes los hijos de Tibisay y Murachi, más unidos que nunca con la seguridad que Venceremos ..
Luis Belisario. (Reflexiones de Madrugadas 02/07/2016).
@FVHugoCh
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